La Costa del Sol comprende el litoral costero de la provincia de Málaga, situada en el sur de España, y es reconocida mundialmente como uno de los más afamados lugares de vacaciones y descanso de todo el Mediterráneo. Goza de un clima privilegiado, con unas temperaturas templadas durante todo el año.

Con frecuencia suele decirse que Málaga en su conjunto es un pequeño continente. Esta aseveración, que en principio puede parecer exagerada y pretenciosa, corresponde a una realidad que el visitante comprobará en sus desplazamientos por las distintas zonas de la provincia. En sus 7.272 kilómetros cuadrados –curiosamente la menos extensa de Andalucía- la provincia alberga todos los paisajes posibles, los más variados contrastes, la más completa red de establecimientos hoteleros y, por ende, una oferta turística prácticamente ilimitada.

Turismo de sol y playa

La oferta estrella de la Costa del Sol sigue siendo la de “sol y playa”, no en vano fueron sus soleadas playas las que la catapultaron internacionalmente. Y es junto a las playas donde existe la mayor concentración hotelera, no sólo de la provincia de Málaga, sino de toda Andalucía. Los 161 kilómetros del litoral malagueño albergan todo aquello que el turista suele demandar con más frecuencia, desde el tipo de alojamiento por el que se decante –los hay de todas las categorías y con una excelente relación calidad/precio-, a un espectáculo internacional o autóctono, pasando por una gastronomía enormemente variada y de consolidado prestigio o la posibilidad de practicar cualquier tipo de deporte.

A los amantes de la playa la Costa del Sol les brinda un sinfín de posibilidades. Pueden disfrutar de un baño en una extensa playa dotada de todos los servicios (bares, restaurantes, duchas, sombrillas, hamacas, palmerales, parques infantiles, accesos adaptados a discapacitados, vigilancia y puestos de socorro, alquiler de hidropedales, esquíes o motos acuáticas, o bien en una cala reducida y menos bulliciosa.

Turismo de golf

El deporte que más ha prosperado en la Costa del Sol es el golf, al menos así lo pone de manifiesto la existencia de más de 50 campos, la mayoría de ellos con una zona residencial contigua para mayor comodidad de alojamiento de los deportistas y ubicados en la zona occidental, que presenta la mayor concentración de campos de golf de la Europa continental, sin duda porque la bonanza climática (300 días de sol al año) permite la práctica de este deporte con mayor asiduidad que en otros lugares.

De la excelencia de los campos de golf malagueños da fe el hecho de que algunos de ellos han sido elegidos para la celebración de los campeonatos más influyentes del calendario internacional, como la Ryder Cup, The World Championship, Open de España o Volvo Masters. Además, a la tradicional oferta de campos de golf en la zona costera, en los últimos años el interior de la provincia se ha incorporado con fuerza a este deporte y no son ya pocos los que hay realizados y mucho más los proyectados.

Turismo de salud

Una de las razones por las que la Costa del Sol continúa siendo uno de los destinos turísticos más demandados del mundo estriba en que ha sabido captar, desde siempre, los cambios que se han ido operando en el turismo internacional. En este sentido, desde que el llamado turismo de salud -concentrando décadas atrás en los vetustos balnearios que no pudieron resistir el empuje del turismo masivo de sol y playa- empezó nuevamente a estar en el punto de mira de algunos viajeros, la Costa del Sol supo, como ninguna otra zona de España, abrirse a ese nuevo modo de descanso, y antes de que empezaran a ser rehabilitados los balnearios tradicionales, los mejores hoteles del litoral malagueño empezaron a incorporar servicios de talasoterapia como una oferta especial a su clientela.

De este modo, los spa fueron apareciendo en la Costa del Sol hasta llegar a constituir un elemento clave para ese tipo de clientela que opta por combinar el ocio con un especial cuidado de su salud.
Turismo de interior

Dada la compleja orografía del interior de la provincia de Málaga, un elevado número de pueblos quedan ubicados en lugares poco menos que impensables hoy pero que tuvieron su razón de ser en el tiempo en que fueron fundados. Así, el urbanismo de esas pequeñas localidades que en muchos casos parecen arañar el monte sobre el que se asientan, ha de salvar unos enormes desniveles que la arquitectura popular sin duda ha aprovechado para mostrar toda su imaginación.

El entramado de calles, netamente morisco; el blancor de sus casas restallando sobre el fondo verde del paisaje, la profusión de la teja árabe y, en muchos casos, el cercano riachuelo, configuran la clásica estampa de pueblo andaluz de montaña que parece puesto allí ex profeso para ser fotografiado. Prácticamente en todos los pueblos del interior hay casas rurales perfectamente acondicionadas –muchas de ellas antiguos cortijos- susceptibles de ser ocupadas en cualquier época del año.

Junto a esas casas y cortijos típicos, también ha surgido una pujante industria hotelera interesada en explotar el interior de la provincia. Generalmente estos establecimientos son medianos y pequeños, con un diseño arquitectónico en función de las características del paisaje de la zona en que se ubican, y, por supuesto, absolutamente respetuosos con el medio ambiente, entre otras razones porque las administraciones competentes vigilan muy de cerca el desarrollo turístico de las zonas de interior para preservarlas de cualquier intervención agresiva. Y es en estos lugares donde más frecuentemente pueden encontrarse los llamados ‘hoteles con encanto’.

Espacios naturales

En la ‘segunda Costa del Sol’, es decir, en el interior de la provincia de Málaga, es donde el visitante puede comprobar fehacientemente que se halla en un pequeño continente. La dispar y variante orografía conforma zonas tan distintas entre sí que es imposible no sorprenderse ante su visión, y uno de los mayores atractivos de estas tierras lo constituyen los 23 espacios naturales protegidos ubicados en las distintas comarcas malagueñas, de visita más que recomendada para los amantes de la naturaleza.

Sólo uno de ellos, los Acantilados de Maro-Cerro Gordo, se sitúa junto al mar, en el término municipal de Nerja. Se trata de una sucesión de rocas de gran altura, estribaciones de las sierras de Tejeda y Almijara, que perfilan unas calas de aguas profundas y límpidas donde abunda la pesca submarina. Este es tal vez el paisaje costero más abrupto e impactante de la Costa del Sol propiamente dicha, y que, dada su condición de espacio protegido, permanece virgen.

Desde esta zona de la Costa del Sol se ve, hacia el norte, el paraje natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, que con sus 40.600 hectáreas es el tercero más extenso de la provincia de Málaga. Sus picos más altos, cercanos a los 2.000 metros de altitud sobre el nivel del mar, aparecen regularmente nevados todos los inviernos. El contraste entre la nieve en las cumbres de estas sierras y los cultivos subtropicales de la costa, a muy pocos kilómetros entre sí, es una de las singularidades más notables de la comarca de la Axarquía.